jueves, 12 de noviembre de 2009

El Desanimo

Un día Satanas hizo una subasta con todas sus cosas, por ejemplo: envidia, rencor, mentiras; todo a un buen precio. Tambien dio otras ofertas que él tenia. Pero al fondo de ese lugar donde el estaba haciendo la subasta, en un lugar bien especial, tenia algo a un precio bien alto; ahi habia una especie de cosa vieja, muy usada y gastada por el intenso uso; sin embargo esa cosa era la mas cara de la subasta. Alguien observo de ella y fue a Satanas y le pregunto qué era y por qué si era tan vieja, era tan cara? Satanas respondió "es lo mas preciado para mi, lo que mas uso y lo mas eficaz para hacer caer al genero humano; espero no venderla porque es mi mejor arma" "Esta cosa es el DESANIMO, con el puedo entrar en la mejor persona, hacer caer a las mejores familias...Por eso es lo mas caro para mi: donde no puedo entrar con odio, envidia, desobediencia, me es muy facil entrar con el desanimo" Por eso queridos jovenes quiero decirles q nunca se desanimen... Recuerden que Jesucristo dio Su vida por nosotros, porque nos ama y espera lo mejor de cada uno de nosotros. Todos los obstaculos que tenemos, aun nuestra vida aqui en la tierra es una prueba, y es necesario vencerla para poder gozar juntos de nuestras familias nuevamente en la prensencia de nuestro Padre Celestial y de Su amado hijo Jesucristo.
Hoy en dia estoy desanimado,muchas cosas malas en tan corto tiempo me deprimen y la unica cosa que me da fuerza es mi fe en el señor jesucristo...
Leer Josué 1:6-9 Hace poco tiempo aconsejé a un joven que tenía que hacer varios servicios públicos como parte de la paga de una multa que le dieron por conducir bajo la influencia del alcohol. Le parecía imposible a aquel joven cumplir con lo que le exigía la ley. Después de escuchar su lloriqueo por unos minutos, y sin nada más que decirle, finalmente le sugerí que enfrentase todo como hombre. Es más o menos lo que dice Jehová a Josué, un hombre joven, que estaba para encargarse de una misión muy importante para el pueblo de Dios. Y es que Moisés, el legendario líder del pueblo de Dios, había muerto. Sí, había partido al Padre aquel a quien utilizó Dios para sacar a su pueblo del cautiverio egipcio, el que había liderado e intercedido por los israelitas por cuarenta años y el que soportó pacientemente sus quejas. Al elegir a Josué, Jehová siente que la responsabilidad de aquella posición de líder de 660,000 israelitas era para él una gran responsabilidad. Es por eso que Jehová le repite tres veces que Josué fuese “fuerte y valiente” (Josué 1:6-9). La decisión caía totalmente sobre los hombros de Josué en cuanto a seguir o no lo que le había instruido Jehová. Solo así podría Dios proseguir con lo que tenía planeado para su pueblo. Josué acepta el desafío y decide seguir el mandamiento de Jehová de ser “fuerte y valiente”. Dios entonces cumple con su parte dando lo demás que le faltaba a Josué para cumplir su misión. Jehová explica a Josué que también éste debería dedicarse a la Ley de Dios y en ella meditar de día y de noche. El libro de Dios sería el “mapa” que les llevaría a la tierra prometida. Las Escrituras Sagradas serían la brújula para el camino. Jehová exhorta a Josué para que no se distraiga de ellas pues siguiendo sus instrucciones tendría éxito. Quisiera enfatizar que, al igual que Josué, todos los que siguen lo que dice las Escrituras tendrán éxito. E. Pablo da un consejo semejante a Timoteo Timoteo, un joven evangelista que vivía en Éfeso, parecía desanimado y a punto de enfermarse por los grandes problemas con los miembros de la iglesia de aquella ciudad. Cuando Timoteo estaba casi para tirar la toalla y dedicarse probablemente a una profesión secular, Pablo le escribe dándole esta exhortación: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1). Fíjense que Pablo, siguiendo el ejemplo de Jehová instruyendo a Josué, no le dice que pronto iría donde él se encontraba para resolver sus problemas, no. Pablo dice que Timoteo tenía que tomar la decisión de “esforzarse” para poder llevar a cabo la obra de Dios. Luego le dice que elija a ancianos y diáconos para auxiliarle en la obra. Pablo, en su segunda carta al joven evangelista, también le recuerda que la obra de Dios no es para cobardes, al escribir estas palabras: “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). El mismo Espíritu que vivió en el corazón de Timoteo ahora habita el corazón del cristiano bautizado. Parece que aquellos consejos de Pablo, le dieron al joven predicador Timoteo el empuje que necesitaba para no desistir y continuar su ministerio. Desde entonces aquella iglesia tomó un rumbo diferente. Hablando con un hermano en Brasil hace algún tiempo, me dijo que de los cuarenta hermanos que se graduaron de la escuela de predicación de la ciudad de São Paulo junto con él, solo quedaban dos que todavía predicaban. Los demás habían sucumbido al desánimo y ya no estaban en el ministerio. Algunos hasta llegaron al punto de abandonar completamente la fe. El desánimo es arma de Satanás El desánimo es un arma de Satanás, quizás la más poderosa para desviar el obrero de Dios de su misión. Desde el momento en que permitimos que el mensaje negativo de Satanás y de sus demonios se apodere de nuestra mente, estamos destruyendo algo precioso plantado por el Espíritu Santo en nuestro corazón: el sueño de predicar la Palabra de Dios. A veces llega el desánimo porque no podemos agradar a todos los miembros de la iglesia que servimos. Hay que tener en mente las palabras de Pedro: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Otras veces lo que causa el desánimo es la suspensión del sostenimiento por una iglesia colaboradora. Lamentablemente algunas iglesias se dedican a la obra misionera solo cuando les sobra dinero en el presupuesto. Las estadísticas han constatado que un mísero 8.6% del presupuesto de las iglesias de los Estados Unidos lo dedican a la obra misionera. A las iglesias pequeñas y pobres es necesario apoyarlas debidamente hasta que puedan ser autosuficientes. Siento mucho cariño por los predicadores que viven aislados y lejos de otras congregaciones. Éstos no pueden intercambiar ideas o compartir su dolor con otros predicadores. Ellos, igual que Pablo en el final de su vida, solo tienen a Dios. Por eso es que animamos a los hermanos a participar de los seminarios que llevamos a cabo u otros que se realicen para poder convivir con sus colegas en el evangelio y a recibir ánimo para continuar en la meta. F. Perfección en la debilidad Pablo, como para probar su categoría de ser humano, pide encarecidamente al Señor para que le sanara su problema de salud que mucho le molestaba. Algunos comentaristas creen que Pablo tenía problemas visuales muy agudos, probablemente sufría una forma severa de oftalmía, que es una inflamación de la córnea. Basado en los comentarios de Gálatas 4:13-15; 6:11, quizás su enfermedad fuese remanente de la luz resplandeciente y la visión del Señor, cuando el apóstol se quedó ciego camino a Damasco. Tras pedir e implorar a Cristo, Pablo se da cuenta de que hay en la vida algo más importante que la salud: servir al Señor. He aquí lo que dice el apóstol sobre la debilidad después de mucho pedir socorro al Señor: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9). Si somos fuertes cuando somos débiles, quiere decir que la debilidad nos hace depender más del Señor y menos de nosotros. Debemos cuidar mucho de no olvidar al Señor cuando somos fuertes. Si no es así, su poder jamás se perfeccionará en nosotros. No hay en el reino de Dios lugar para los autosuficientes ni para los arrogantes. G. No estamos abandonados A veces creemos que estamos solos en nuestro sufrimiento. Nos olvidamos que aunque Jesucristo está a la diestra del Padre, envió su Espíritu para ampararnos y consolarnos en todo momento. El apóstol Juan sabía que el desánimo sería una constante en la vida de cada cristiano, sobre todo de los que se dedican a la predicación y a hacer discípulos de sus miembros. Por eso escribió Juan estas poderosas palabras que nos llenan de esperanza y poder: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:15-18). Ser huérfano es ser una persona sin padres. Ser huérfano no es una bendición. Ser huérfano es luchar sin cesar por encontrar a alguien que se interese en criar a un hijo que no es fisiológicamente suyo. Aunque haya muy buenos padres de huérfanos, una gran mayoría no les trata muy bien. Pero el cristiano no es un huérfano espiritual, pues Cristo, al enviarnos el Espíritu Santo, nos ha dotado de una gran bendición, la de tener a Dios muy cerca de nosotros. El desanimado no se da cuenta de la presencia del Espíritu Santo en su vida. Desconoce cómo funciona y vive en las tinieblas de la vida intentando hacer todo él solo. Ya que la obra es de Dios, debemos esperar que él Creador colabore con nosotros, o quizás sea al contrario: el predicador colabora con Dios. El cristiano que no se da cuenta de la presencia de Dios en su vida, está como Moisés cuando estaba en Egipto. Antes de matar al egipcio que estaba torturando a un israelita, Moisés miró a un lado y luego al otro para enterarse de que no había nadie que le pudiese ver. Sin embargo, a Moisés se le olvidó, después de haber mirado a ambos lados, mirar hacia arriba. Moisés no estaba consciente de la presencia de Dios en aquel lugar. Las instrucciones de Cristo Antes de la partida de Cristo al Padre, el Señor dejó mandamientos muy bien definidos para que sus discípulos los siguiesen. Pero este mandamiento tiene promesa y dice así: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20). A veces no sentimos la presencia de Dios porque no estamos cumpliendo con este mandamiento: No estamos compartiendo la fe ni haciendo discípulos. • Conozco a una congregación en Monclova que está ganando almas para Cristo todos los meses. Jesucristo está con ellos. • Conozco también a varios grupos de cristianos que se reúnen en las cárceles de Tegucigalpa: cada semana añaden personas a la iglesia. Jesucristo está presente en sus vidas. • Conozco también a un grupo de hermanos en Matanzas, Cuba, que han tenido que ampliar el lugar de reuniones por los nuevos cristianos. Cristo está con ellos. • Conozco a un ministerio en las prisiones de Abilene, Texas, donde en el 2004 se bautizó a 865 hombres. Dios está presente en la vida de todos los participantes. Al cumplir el mandamiento de Cristo le tendremos muy cerca de nuestro corazón. La presencia de Cristo nos ayudará en momentos de desánimo y de desesperación. H. El Espíritu Santo nos auxilia Cuando estamos desanimados, nos sentimos débiles. Sentimos como si nuestro último amigo nos hubiera defraudado. He aquí, de manera específica, la ayuda que el Espíritu Santo de Dios da a los cristianos bautizados. El Espíritu Santo nos ayuda: • Cuando dudamos de nuestra salvación: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). • Cuando no podemos orar: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). • Cuando las cosas van muy mal: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). • Cuando sentimos que no somos amados: “... ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). El Espíritu Santo no es algo así como una competencia donde nos comparan para ver quienes tienen más y quienes tienen menos. Los que hacen así dan más importancia a los dones del Espíritu que al fruto del Espíritu. ¿No se conoce los árboles por sus frutos? También el nivel espiritual de cada creyente se conoce por lo que ha logrado para el Señor y para su pueblo. “Dios prepara a los que elige” Durante mi último viaje a Brasil, me fijé que uno de los hermanos usaba una camiseta con una inscripción muy significativa en la espalda. Decía así: “Dios no elige a los preparados sino prepara a los elegidos”. Casi todos los que pasamos por una época de sufrimiento, confiados en el poder de Dios, al final de él siempre hay un ministerio para cada uno. Se ha dicho que no se debe orar por épocas sin sufrimiento, sino orar por ser personas más fuertes. Decide ser fuerte y valiente y Dios te utilizará en su plan salvador.
DESTRUYENDO EL DESANIMO

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas (Josué 1:9).

PROPÓSITO: La única gente que el enemigo desanima son aquellos que luchan por algo grande. INTRODUCCIÓN: El desánimo significa sin animo, traspasa los pensamientos, luego los sentimientos, hasta llegar a destruir la voluntad. Es como un pozo que entre mas profundo es más difícil de salir. “…el pueblo que habita aquella tierra es fuerte…No podremos subir contra aquel pueblo…También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos…Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!” (Números 13: 28, 31, 33, 14: 1-2). DESARROLLO: I. EL DESANIMO ARMA DE SATANAS ES PARA DETENERNOS. a. MOISÉS. “¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos. No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal” (Números 11:13-15). b. JOSUÉ. “Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!... Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? “(Josué 7:7 y 10). c. ELIAS. “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19: 4). d. JOB. “Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja, Hablaré con amargura de mi alma” (Job 10:1). e. DAVID. “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” (Salmos 42:5). f. LOS DISCIPULOS CAMINO A EMAÚS. “Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?” (Lucas 24: 17). II. ¿POR QUÉ SE DESANIMA EL ALMA? a. POR EL CANSANCIO DE LAS JORNADAS EN LA VIDA. “Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano” (Números 21: 4-5). b. EL DESALOJO DE LOS ESCOMBROS DEL PASADO. “Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro” (Nehemías 4:10). c. EL RIO DE PALABRAS NEGATIVAS DEL ENEMIGO. “Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará” (Nehemías 4:3). III. LA SUPERACION DEL DESANIMO. a. HAY QUE APRENDER A ESPERAR EN DIOS. þ “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4). þ “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Romanos 16: 20). CONCLUSION: þ “Ciertamente, ninguno de cuantos esperan en ti será confundido…” (Salmo 25: 3). þ “…Los que esperan en Jehová, ellos heredaran la tierra” (Salmo 37: 9). þ “…Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas…” (Isaías 40:31).

TEMPLOS MORMONES